La Cricetomys gambianus es la única especie de este roedor que puede rastrear el citado armamento. De momento, se perfila como la única opción para evitar muertes y amputaciones en el continente africano.
El artífice de esta solución fue Bart Weetjens. Este ingeniero belga decidió cambiar el hastio de su quehacer diario por ayudar a los demás. Así, participó en diferentes proyectos en Angola y Mozambique para limpiar el terreno de minas.
En este caso, se utilizaron perros. El problema era que al poco tiempo los canes morían enfermos. No aguantaban.

Tenía que encontrar una alternativa. Y no tardó. La inspiración le vino de unos estudios realizados en aeropuertos norteamericanos. En éstos, se utilizó a roedores como medio para detectar explosivos. Con todo, comenzó su iniciativa en 1997. En el 2000 pudo aplicar sus investigaciones sobre el terreno, concretamente en Tanzania. Y es en 2003 cuando realiza la primera prueba en un campo de minas. Tuvo éxito.
Según las últimas informaciones de este investigador, sus ratas de más de 80 centímetros han limpiado más de un millón de metros cuadrados en Mozambique. Su adiestramiento es sencillo: por cada objetivo conseguido tienen una recompensa en forma de comida.

Más datos. Perduran más que un perro en este trabajo. Unos ocho años. Además, su mantenimiento y transporte, pese a ser grandes roedores, es más barato que el de un can. Para nada se utilizan como kamikazes. Su peso, que está entre los dos y 3 kilogramos, hace improbable que puedan provocar una explosión por este tipo de minas. Requieren de un peso mucho mayor.
Desde la organización que las entrena, apopo, se asegura que estos animales no sufren ningún maltrato. Aseguran, que se les trata con mimo para mejorar su estado físico y psicológico. Aspectos fundamentales para que realicen correctamente su trabajo.

Esta rata no solo es útil en este campo. También es capaz de detectar la tubercolisis. Una aplicación que en África es muy util. Actualmente, más del 50 por ciento de los casos no están diagnosticados.
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